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MIEDOS
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MIEDOS

Rodeados de miedos, como estamos, es difícil saber a qué atenerse y qué miedo evitar por mas cercano. Tememos, por un lado, el miedo a la muerte, que ahora está presente y ocupa todos los espacios que observamos. No es nuevo, es evidente, aunque sí no nos tocaba personalmente, era un miedo lejano y controlado. Llega ahora el virus y de repente, se llenan las noticias de forma persistente del daño que nos hace y surgen soluciones basadas en técnicas aislantes para protegerse. Hay riesgo con tocarse, compartir un espacio y parece que la mejor solución es confinarse cada uno en su casa evitando compartir el aire y el contacto.
Mas allá del miedo del presente, aparece en el futuro, y como consecuencia; el desastre económico, sembrando de terror los tiempos que nos vienen. Se anuncia una gran crisis, que repercutirá, como siempre, en los mas débiles. Los expertos comienzan a prepararnos para asumir las consecuencias y nos excluyen de participar en las decisiones dejando que el papel general sea el de afectados y no el de coparticipes en las soluciones. Se utiliza un modelo de miedo para que, desde el temor, dejemos que nos coloquen donde quieren, con el mensaje de que siempre hay algo mas que se pueda perder. Se volverá a culpar a los emigrantes de quitar puestos de trabajo y se hará hincapié en los salvadores de la economía y el estado de bienestar que se pudo perder. Una vez mas la libertad frente al miedo.
Parece que el papel del miedo es hacernos dependientes, impotentes ante aquello que nos cuestiona. ¿Qué podemos hacer?
Podemos reflexionar y tratar de comprender el papel del miedo. Convertir el miedo en un amigo que está ahí y nos recuerda donde somos vulnerables. No para convertirnos en victimas sino para, humildemente, sacar nuestra creatividad y transformar aquello que nos afecta en un cambio armónico. Es frecuente renunciar a esa opción y delegar en otros lo que es nuestra responsabilidad.
El mecanismo del miedo se encuentra en lo más antiguo de nuestro cerebro que nos ha permitido sobrevivir, con respuestas salidas del cerebro reptiliano, la estructura más antigua. Esa zona se activaba para buscar comida, evitar que te coman y descansar entre una y otra fase. Cuando algo o alguien nos mete miedo están activando esa zona para reaccionar de la forma mas primitiva. La buena noticia es que, los seres humanos, tenemos áreas nuevas que nos permiten procesar cualquier fenómeno y tratarlo de forma creativa. El miedo se convierte así en un amigo que nos recuerda dónde somos vulnerables y nos dá la oportunidad de no ser victima ni verdugo. Y, además, a la fase de descanso la dota de la posibilidad de recolocar todo lo que nos afecta, alcanzando el equilibrio que se puede perder durante la acción.
El miedo forma parte de la vida, nos va a acompañar siempre y está ahí para acompañarnos. La vida es cambio y nos movemos aferrándonos a lo que conocemos, lo que viene nos genera incertidumbre y el temor se agarra a lo conocido donde nos encontramos seguros. El cuerpo es conservador por naturaleza. Sin embargo, la vida solo tiene sentido desde el cambio, desde el riesgo. Vivir es cambiar. Construir el futuro integrando el pasado que se transforma en cada instante.
Esta crisis que estamos pasando nos puede convertir desde el miedo, en victimas, o por el contrario puede sacar todo el potencial creativo que tenemos para transformar el pasado que nos trajo hasta aquí, en un futuro nuevo. De nosotros depende que el miedo nos haga ser las victimas, convertirnos en los explotadores o alcanzar un equilibrio armónico en otro nivel mas allá de lo que éramos.