Fundación Metta-Hspice


Filosofia
¿DONDE ESTAMOS COMO SOCIEDAD?
Actualidad Compasión


Rescato de lecturas pasadas algunos párrafos que voy señalando y a los que vuelvo a mirar como un navegante busca el faro para reorientarse. En este caso la luz del faro viene de Paul Gilbert que en su libro La mente compasiva señala: “Estamos atrapados en una cultura dominada por los «modelos de negocio» y la necesidad de generar beneficios, no por un «modelo psicológico» o de bienestar humano. Estamos tan atrapados en la necesidad de crear beneficios...

Rescato de lecturas pasadas algunos párrafos que voy señalando y a los que vuelvo a mirar como un navegante busca el faro para reorientarse. En este caso la luz del faro viene de Paul Gilbert que en su libro La mente compasiva señala: “Estamos atrapados en una cultura dominada por los «modelos de negocio» y la necesidad de generar beneficios, no por un «modelo psicológico» o de bienestar humano. Estamos tan atrapados en la necesidad de crear beneficios y eficiencia que estamos perdiendo contacto con los demás y con las cosas que nos nutren, nos apoyan y nos enriquecen a lo largo de la vida…
 
 …De hecho, la búsqueda de la eficiencia está convirtiendo nuestras vidas en inhabitables. De modo que esta vida basada en el modelo de negocio está creando necesidades y excesos que nos mantienen ansiosos mientras intentamos seguir siendo competitivos…
 
…Es necesario seguir pensando como sociedad para qué todo este trabajo. Teniendo en cuenta los miles de millones de horas de trabajo y esfuerzo que desarrollan a diario los humanos de todo el mundo, ¿qué estamos haciendo? Nuestro esfuerzo humano, el sudor de nuestra frente, se está despilfarrado en la creación de baratijas…
                                                                                       
Esto me lleva a pensar que podemos asumir un compromiso compasivo para enfrentarnos cara a cara a estos problemas. Es seguro que en nuestro camino hacia la compasión, nos enfrentaremos a numerosos retos y cada uno de ellos reclamará de nosotros una minuciosa reflexión, y las soluciones surgirán cuando trabajemos en equipo, aportando ideas, conocimiento y talento. Pero en última instancia, las soluciones a todos los retos que exploramos apuntan en la misma dirección: la importancia y la urgencia de desarrollar compasión por nosotros mismos y los demás. Son retos que tienen importantes implicaciones en nuestras vidas personales, nuestra satisfacción y nuestro bienestar, y también en seguir avanzando en organizarnos como grupos de individuos en sociedades que habitan este planeta con recursos limitados. La compasión no sólo se basa en reaccionar ante las cosas que ya han ocurrido, sino también en «intentar crear para el futuro.


LA ABUNDANCIA DE LA CARENCIA

Una de las sensaciones, casi endémicas, de nuestra sociedad es la continua sensación de carencia. Esta sensación es perversamente estimulada por el marketing consumista, basándose en la comparación y en la competencia para hacernos creer que algo nos falta, que los demás lo tienen y por eso se les ve tan felices. 
Así lo señala, entre tantos otros, Max Mason que, en su habitual narrativa vertiginosa y desenfadada, afirma en “El sutil arte que (casi) todo te importe una mierda”: «Hoy en día, nuestra cultura se halla obsesivamente orientada a expectativas positivas, pero poco realistas: sé más feliz. Sé más sano. Sé el mejor, mejor que los demás. Sé más inteligente, más rápido, más rico, más sexi, más popular, más productivo, más envidiado y más admirado. Sé perfecto, maravilloso...» Y yo agrego una matriz inmejorable para el miedo de no tener algo y la esperanza de obtenerlo, y una vez obtenido, el miedo a perderlo o la esperanza de tener más aún.
Una de las peores consecuencias de esta cultura marcada, casi exclusivamente, por los tiempos productivos es que nos aleja de los tiempos afectivos personales y de los tiempos de cultura comunitaria. Se acaba viendo a los demás como «depredadores» de los que hay que defenderse, algo nos pueden quitar, o con los que hay que competir, algo les podemos arrebatar.
Y esto no es un problema menor, por ejemplo en la educación están presentes en los sistemas de calificación y en la obtención de becas. En la investigación científica cuando hay que publicar en revistas de prestigio, en el abuso de los becarios en universidades y trabajos, y hasta en las comunidades espirituales cuando se sacan cuentas de cuanto tiempo le ha dedicado un gran maestro a un discípulo; y no me extrañaría, ahora que somos tantos los que publicamos artículos y enseñanzas, que nos fijáramos en followers y likes.
 
Permanezcamos atentos para no rellenar los espacios de lúcida sabiduría que nos sorprenden rápida y mecánicamente con algo. Si lo hacemos, tendremos una sensación de estar conquistando el mundo cuando en realidad hemos sido conquistados por cuanta baratija hay en el mundo. 
 


A modo de despedida

Nuestro miedo más profundo no es a no estar a la altura.
Nuestro miedo más profundo es ser poderosos más allá de todo límite.
Es nuestra propia luz, y no nuestra oscuridad, lo que nos aterra.
Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, radiante, talentoso y maravilloso?
La pregunta es: ¿quién eres tú para no serlo?
Encogerse, vivir empequeñecido, no es hacerle ningún favor al mundo.
La inspiración no es encogerse para evitar crear inseguridad en los demás.
No se encuentra solo en algunos elegidos, está en cada uno de nosotros.
Y, a medida que dejamos brillar nuestra propia luz, 
damos inconscientemente permiso a los demás para hacer lo mismo.
Liberándonos de nuestro propio miedo, 
nuestra presencia libera automáticamente a los demás

Marianne Williamson recitado por Nelson Mandela en su investidura a la presidencia