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El coronavirus: una excepcional oportunidad educativa
Infancia y adolescencia Actualidad


Baso estas reflexiones en unos segundos de vídeo en las noticias dónde explicaban a niños y niñas de entre 6 y 7 años de una escuela, el virus que actualmente está paralizando nuestras vidas. Pensé que se le podía sacar mucho jugo, educativamente hablando, a toda esta situación, empezando por las familias.

Si queremos transmitir tranquilidad a los niños, convendría hacerlo desde la normalidad educativa, quiero decir sin especialistas, que fueran sus mismos profesores/as quiénes lo hicieran, porque ese hecho, transmite el mensaje de “situación excepcional”. Desde mi punto de vista, convendría formar al profesorado en cuanto a los conocimientos técnicos y científicos básicos y las estrategias individuales y sociales a seguir para evitar su propagación y dado que ellos/as son los/as didactas, que lo transmitieran a los niños/a desde cualquier materia y según la edad, por ejemplo desde las Ciencias Sociales o la Historia, investigando juntos cuántas epidemias o pandemias ha habido en la historia de la Humanidad y cómo se salió de ellas; desde el Arte y la Música que reflejaron esas épocas tan duras; desde las lenguas extranjeras, tomando nota de cómo cada cultura y país reacciona y qué medidas toma; desde las Ciencias, evidentemente y desde la Filosofía, por los aspectos éticos que comporta. Por supuesto y sobre todo, en cualquier momento que el alumnado sugiera una reflexión, seamos de la materia que seamos.

Es importante dar voz a los niños y adolescentes y escucharles, sin descalificar nada de lo que digan pero desmitificando aquello que sea falso y que hayan podido recibir a través de las redes sociales, escuchar en el vecindario o entre sus iguales, etc. Lo es también cómo esté actuando la familia, si con responsabilidad o con indiferencia. Nadie habla de pánico o de entrar en la psicosis generalizada, hablamos de formar parte de la solución, investigando juntos cómo un cuerpo sano, que come y duerme bien, que practica deporte o frecuenta la naturaleza está más fuerte física y emocionalmente para afrontar lo que venga. Esto no sólo revierte positivamente en él o ella como persona sino que se le da protagonismo como ciudadano que contribuye a la solución, evitando sentimientos de impotencia o de lo que Martin Seligman (1967) denominó llamó “indefensión aprendida”. Esto nos llevaría a relacionar este virus con el modelo de vida y nos invitaría a poner conciencia sobre nuestros hábitos, a veces autodañinos y destructores. Situaciones así nos invitan a poner todo sobre la mesa, darle luz y poder hablar de ello, desde cómo nos relacionamos y cuánto nos necesitamos hasta cómo y cuánto trabajamos pasando por las situaciones de desigualdad social, la diversidad cultural, la salud, la soledad, los viajes, etc.

Hemos pretendido vivir de espaldas a la adversidad, como si siempre pasara lejos. Pero no, ahora está aquí, en nuestra cotidianeidad. Así que, aunque cueste aceptarlo, todo es posible en cualquier momento y todo, absolutamente todo, puede cambiar en un instante. ¿Se puede educar para esto? Sí, se puede. ¿Cómo? Observando la Naturaleza, dónde lo que impera es el cambio constante; conociendo la historia del Planeta y de la Humanidad, contemplándolos desde la humildad necesaria y no, desde el miedo y la arrogancia del Homo Sapiens que ha pretendido controlar lo incontrolable; respetando la curiosidad y la inquietud infantil y alimentándola; considerando al niño/a un investigador, un filósofo que se pregunta y duda; educándonos juntos en el asombro, en el misterio, en la transcendencia, en el no sé, averigüémoslo, en vivir en el presente, … ¿Quién? Quien se crea y viva todo lo que transmite. Tenemos entre nuestras manos un gran desafío generacional y educativo, actuemos.