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En la sociedad actual se observa un profundo sentimiento de insatisfacción, desorientación y falta de valores de referencia.
Nos encontramos ante una sociedad en crisis.
El progreso moral solo es posible si existe un principio universal que fomente y valide la ética de los actos. Este Principio Trascendente de donde emanan unos valores, unas leyes universales que proporcionan un significado, un camino a seguir y una finalidad en la vida, es la Conciencia Primera, la Inteligencia Primera, la Energía Cuántica Universal, la Causa Primera, Dios.
Estos valores fundamentales corresponden a los arquetipos de C.G. Jung, fundamentados en las ideas de Platón y Kahn. Son patrones universales que indican un orden que trasciende la mente humana y el mundo exterior. Sirven para organizar, guiar y orientar el pensamiento humano. Son símbolos, modelos que forman un substrato dinámico común a toda la humanidad. Los arquetipos no pueden considerarse un movimiento material, sino que emanan de la conciencia no local, la supra conciencia, holística con la CONCIENCIA PRIMERA.
Los arquetipos condicionan una dinámica vital positiva en la que impera el altruismo, la empatía, la bondad, la justicia y, sobre todo, el amor.
Uno se pregunta: ¿Cuál es la razón de esta crisis de la humanidad?
La causa está en la concepción existencial.
Nuestra sociedad fundamenta la concepción existencial en una visión materialista, objetiva y realista, según el método científico cartesiano-newtoniano, en donde la individualidad viene determinada por el “ego”, que, por su origen externo y material, es inseguro, incompleto cambiante, dependiendo de la opinión de los demás. Sus objetivos son materiales: riqueza, poder, dominio y fama, condicionando una dinámica vital negativa, llegando hasta la agresividad y violencia.
El ego no es nuestro auténtico yo. Yo lo defino como el “no yo”.
Nuestra realidad existencial está en la conciencia no local o supraconciencia que tiene como centro de actuación el “amor”.
La salida de la crisis de nuestra sociedad está en descubrir y que aflore nuestra supraconciencia.
No es fácil debido a la gran oposición del ego, con sus cuatro potentes armas: la ignorancia, el egoísmo, la afección a lo material y el miedo, que tiene su máxima expresión en el miedo a la muerte.