Fundación Metta-Hspice


Duelo
Ceguera emocional ante el dolor
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Estamos acostumbrados a evitar sentir…a resistirnos a vibrar con lo que nos sucede si consideramos que es “malo” para nosotros o nuestros seres queridos. Estamos acostumbrados a apartar lo que nos duele, a ignorarlo y a acallar, por tanto, las sensaciones que nos acompañan cuando algo, que consideramos “malo”, nos....

 


Estamos acostumbrados a evitar sentir…a resistirnos a vibrar con lo que nos sucede si consideramos que es “malo” para nosotros o nuestros seres queridos. Estamos acostumbrados a apartar lo que nos duele, a ignorarlo y a acallar, por tanto, las sensaciones que nos acompañan cuando algo, que consideramos “malo”, nos ocurre. 

Aquí, en la parte más occidental del planeta, nos hemos acostumbrado a huir del dolor que nos producen situaciones como, por ejemplo, una pérdida de un ser querido, una ruptura, un cierre de una etapa laboral, una situación antes no conocida, como por ejemplo la acaecida por la Pandemia presente, donde vemos que nuestra libertad se reduce, ... Es tan hondo el dolor cuando lo notamos que no queremos volver a sentirlo nunca.  

Esta conducta es muy humana pero poco sanadora. 

Las formas que inventamos para huir del dolor son muchas, desde acallar mediante medicación la tristeza o la ansiedad que producen ese tipo de situaciones, hasta sumirnos en conductas de consumo para evadirnos del sentimiento y las sensaciones inherentes al malestar.  

Las personas buscamos medios para acallar nuestro dolor con conductas como el consumo de sustancias. Además de estas sustancias, las personas que sufren pueden llegar a realizar conductas compulsivas como consumir alcohol, sexo, juego, ejercicio físico, comida, etc. Además de todos esos medios para acallar nuestro malestar, existe uno que, aunque aparentemente silencioso es bastante dañino, sino el que más. Éste es El Pensamiento neurótico de Autocastigo y Desesperanza.   

Consumimos pensamientos negativos y neuróticos muchas veces a lo largo de la vida y muchas de esas veces son para huir del dolor emocional que nos produce interactuar con el medio y con las situaciones que van aconteciéndose en nuestra vida. De lo que no somos muy conscientes es que con ese tipo de pensamientos no conseguimos lo que queremos, dejar de sufrir. La mayor parte del tiempo es tan automático que no nos damos cuenta de que seguimos sufriendo. 

Todos estos mecanismos tienen algo positivo y es que nos apartan del dolor momentáneamente, sin embargo, aquí se produce el AUTO-engaño peligroso y éste es que al reducir momentáneamente el dolor nos volvemos “ciegos emocionales”. 

Esto ocurre cuando no queremos darnos cuenta de que tienen una parte muy negativa y es que practicando este tipo de pensamiento conseguimos desadaptarnos emocionalmente, no siendo consecuentes con lo que nuestro cuerpo emocional está sintiendo en ese momento y ante esa situación, postergando así la recuperación y disminución del malestar. Y si existe esta parte negativa que nos aleja de sentir lo real, ¿por qué seguimos haciéndolo? 


 

Por unos momentos, cuando estamos ante esta sensación desagradable comenzamos una especie de camino de lucha y como enemigo número uno, elegimos todo aquello que nos produce dolor e incesantemente intentamos una y otra vez hacer que eso termine. 

¿Es que no nos damos cuenta de que lo que estamos intentando hacer no es posible? 

Es muy HUMANO… pero NO ES POSIBLE.  

No es posible no sentir dolor cuando perdemos a alguien al que queremos mucho. 

No es posible no sentir dolor cuando una pareja en la que habíamos depositado ilusión, deseos, sueños se trunca y nos tenemos que separar. 

No es posible no sentir un dolor muy hondo cuando de repente perdemos aquello que queríamos tanto. 

No es posible no sentir dolor si alguna vez en la vida te diagnostican alguna enfermedad.  

No es posible no sentir dolor, tristeza o pena en este tipo de situaciones y en otras tantas parecidas. 

Si esta vía no es la que nos acerca al bienestar y sí posterga la sanación emocional, entonces, ¿cuál es el camino que hemos de seguir para sanar? 

Entender que validar las emociones que sentimos, en primer lugar, identificándolas y en segundo expresándolas hace que nuestro bienestar tanto físico como emocional aumenten. Y para que eso ocurra, quizás debamos de probar no querer huir de lo que está delante de nosotros y con nosotros, por lo tanto, ¿y si probamos a empezar a darle su lugar? Abramos nuestro ser a eso que en este momento sentimos, que en esta situación acontece en nuestro fuero interno. Adoptar una actitud de apertura compasiva y sin juicio sobre lo que sentimos en determinadas situaciones de nuestra vida hará que las transitemos sin la resistencia extenuante de la lucha. 

Sí es cierto, nadie ha dicho nunca que sentir dolor sea fácil y rápido, de hecho, no lo es, que va, pero al querer huir de él, el proceso de sanación emocional se ralentiza, o lo que es peor, se bloquea si nos oponemos A LO QUE ES, lo que es; es la sensación de dolor, el sentimiento de tristeza y desolación al sentir que perdemos a alguien o algo que sentimos que es nuestro. 

Vamos a darle su espacio al dolor, sabiendo que dándole el espacio y no evitándolo nos acercamos antes a eso que anhelamos que es la paz interna, la quietud mental y la tranquilidad del alma. 

Si dejamos de luchar, si dejamos de huir notaremos que la energía que invertíamos ahora está a nuestro favor y nos nutre para alcanzar ese estado de paz interna. 

Si solos sentimos que no podemos con esa sensación de dolor y desolación siempre hay alternativas y una es buscar apoyos profesionales que nos pueden acompañar en estos momentos puntuales de nuestras vidas. 

Te animo a quitarte la venda de tu ceguera emocional para comenzar a conectarte de manera auténtica y amorosa contigo mism@ 

Emilia Iborra
Psicóloga





Comentarios
Hermoso artículo! Gracias