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LA MUERTE NO ES EL FINAL.
En estos momentos de tanto miedo ante esta pandemia del coronavirus, incertidumbre, dolor, enfermedad y muerte, quizá nos pueden ayudar algunas reflexiones: La diferencia entre un cuerpo vivo y uno muerto es la energía que está en el primero y que le da vida porque ambos tienen el mismo número de células, órganos, glándulas ...pero uno está vivo ( con energía) y otro muerto y la energía ni se crea ni se destruye sólo se transforma. Si creemos esto, esta energía sigue existiendo una vez muertos, nos lo dice la física en el 1er principio de termodinámica: “la energía no se crea ni se destruye, sólo se transforma”. Es decir, la energía sigue existiendo de otra manera. Actualmente hay muchos estudios científicos cuyas conclusiones ponen en duda que la conciencia sea producto del cerebro como nos habían enseñado en la Facultad, ya que durante el fenómeno de las ECM ( experiencias cercanas a la muerte) donde el cerebro tiene registrada actividad eléctrica cero durante un paro cardíaco, esos pacientes ven, oyen, conocen y reconocen, tienen memoria y llevan a cabo pensamientos complejos, actividades todas ellas cerebrales mientras el registro de la actividad neuronal es cero. Ello nos lleva a la hipótesis de que nosotros, nuestra esencia, sigue viviendo, sólo dejamos aquí la materia, lo denso, el cuerpo. Lo interesante de recoger estas ECM en estos estudios científicos, es que demuestran que seguimos existiendo, reconociéndonos y reconociendo a las personas que amamos y/o que nos rodean. Como dice Willigis Jägger, teólogo benedictino y maestro Zen, (que tuvo una ECM), en su libro: La vida no termina nunca, lo que soy en lo más íntimo, mi esencia, es algo que seguirá cuando mi cuerpo físico haya muerto. Para los que hemos perdido a seres queridos , saber que no han muerto, sino que han nacido a otra vida en la que no están limitados por un cuerpo físico, ni por tiempo o espacio, es algo que nos llena de esperanza. También el saber que su energía está con nosotros para acompañarnos, ayudarnos, mitiga el dolor. Lo que es más difícil de sobrellevar es la incapacidad de contacto físico de no poder abrazar, tocar, sentir, llega a ser, en muchos casos, como un síndrome de abstinencia física, y así lo hemos de entender, aceptar y pasar. También os puede ser de ayuda saber que cuando morimos nunca lo hacemos solos, sino que estamos rodeados de la energía de los seres queridos que nos han precedido, de seres luminosos que nos transmiten paz y una sensación de amor inconmensurable como dicen todos los que han experimentado una ECM. Saber esto nos ayuda a vivir con más sentido y encontrar sentido a la vida

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