Fundación Metta-Hspice


Infancia y adolescencia
Se hace camino al andar...
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Como escribió Antonio Machado, “... se hace camino al andar...”, y esto es lo que he aprendido tras mi diagnóstico de un colangiocarcinoma avanzado en estado IV metastásico, hace ahora poco más de año y medio.
Hasta el momento previo en que me diagnosticaron el cáncer, vivía dejándome llevar principalmente por el contexto laboral, pensando más en el futuro que en el día a día, y siempre con una presión, ansiedad, orgullo y rencor que llevaba conmigo encima en todo momento como si de una mochila perenne se tratase.
He pasado por todas las fases típicas en estos casos, negación, rabia, negociación, todo ello dentro del entorno de una profunda crisis emocional.
Pero mayor aún fue el golpe de la crisis espiritual. Dado mi condicionamiento a través de la educación técnica profesional y entorno cultural, mi visión espiritual era muy limitada.
Un temor paralizante hacia la incertidumbre del futuro y la muerte me embargo durante bastante tiempo.
Y de pronto me encontré en una encrucijada en mi vida... se me presentaban dos caminos ante mí.
Uno de los caminos tenía un aspecto lúgubre, siniestro, representando la negatividad más pura, el miedo y la desesperanza, y, sin embargo, a pesar de todo ello parecía ser el más fácil de tomar
El otro camino estaba bastante más despejado y muchísima mayor claridad, aunque no exento de baches y obstáculos, representando la lucha diaria, la esperanza y perspectiva de alcanzar un espacio despejado y brillante, y, sin embargo, éste camino se me semejaba más arduo.
Debo decir que caí en las garras de la energía negativa y oscura, caí en un pozo oscuro a través de una espiral destructiva y creedme cuando digo que no es que tocase fondo, ¡me hundí hasta el cuello en el lodo del fondo!
Gracias principalmente a mi mujer, mi hijo y una avidez inusitada por investigar, analizar y aprender sobre el tema espiritual, con una mentalidad abierta, conseguí salir de dicho hoyo, retroceder en el camino y tomar la otra senda.
Comencé a dedicar un número ingente de horas a investigar sobre las ECM (experiencias cercanas a la muerte), estados alterados de conciencia, conciencia no localizada, física cuántica, antiguos conocimientos de maestros espirituales, y otros temas relacionados, y aunque inicialmente quise aplicar la razón científica y tecnológica que me caracterizaba y, a la vez, limitaba, al poco tuve que apartar todas estas restricciones y abrí mi mente a un amplio abanico de posibilidades y ver, más con el corazón que con la razón, la fuerte conexión intrínseca.
Lo que he aprendido es que, el ser humano no es el cuerpo que reconocemos como el “yo”, no, el cuerpo es meramente materia, materia animada por nuestro auténtico ser, una fuente de energía que usa al cuerpo como un mecanismo para experimentar las vivencias de este plano material, en donde el cerebro sirve como un “ordenador” que procesa la información de forma bidireccional, la que recibe del mundo material y transmite a nuestro ser interior, y desde éste para interactuar con el mundo exterior.
Ahora soy consciente de que la muerte no existe, es una falacia generada por nuestro condicionamiento social y que genera nuestra mente material. Lo que fallece es el cuerpo físico, no la energía que somos realmente nosotros.
Según la física elemental la energía no puede crearse ni destruirse es inmaterial y eterna.
Si hablásemos de física cuántica, a un nivel muy elemental y simplista, todo lo que nos rodea es energía, toda la materia es también energía.
El ser humano se desenvuelve en un plano material a través de nuestros limitados sentidos, y por ello sólo percibimos una muy estrecha perspectiva del todo universal.
La conciencia, alma, espíritu, energía, da igual como queramos llamarlo, tiene continuidad después de esta experiencia material a través del cuerpo humano que denominamos vida. Así la conciencia, una vez el cuerpo humano llegue a su punto final de uso, vuelve al mismo plano en el que se encontraba antes de encarnarse.
Entonces, ¿que nos llevamos de este plano material? Todo nuestro aprendizaje, nuestras experiencias, y a la vez dejamos un legado aquí, la impronta de nuestro amor, nuestras enseñanzas y todo aquello de lo cual se puedan beneficiar las próximas generaciones. Pero nada material.
Una vez interiorizados estos y otros conceptos, debo decir que he crecido interiormente, ya no soy el de hace un año y medio, soy la misma energía, pero estimo que algo más evolucionada.
Mi camino se ha hecho más fácil de llevar, me siento más yo mismo, y me siento la necesidad interior de ayudar y acompañar a todo aquel que precise de una mano amiga en momentos difíciles.
Si con un gesto o unas palabras, un acompañamiento, puedo ayudar a alguna otra persona, me sentiré más que satisfecho.
Me encuentro pleno y lleno de la luz que en este camino me baña con un afable calor que alimenta mi energía interior y ésta a su vez se desborda hacia el exterior bañando todo cuando toca.
Una hermosa transformación y parafraseando a Machado, haciendo camino al andar, día a día, viviendo el hoy, sin miedos al mañana y con las experiencias del pasado.
A vuestra disposición mis amigos, para todo cuanto esté en mi mano llevar a cabo.







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Un ejemplo de cómo la experiencia del proceso de morir actúa como elemento de transformación.