Fundación Metta-Hspice


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LA PLAYA QUE NO ES PLAYA.
Conciencia Textos para acompañar Testimonios


Comencemos por enunciar los antecedentes de la experiencia que voy a exponer a continuación
Solía tener sueños nocturnos agitados que me provocaban gran angustia tanto en el propio sueño como posteriormente al recordarlos durante la vigilia. Estos sueños siempre eran de desastres, desastres naturales para más inri, siempre eran grandes terremotos que destruían una ciudad, movimientos de tierra, incluso una especie de agujeros negros que se materializaban en el cielo y engullían cuanto podían, pero lo más aterrador eran los maremotos, enormes olas gigantescas, oscuras, que con gran estruendo barrían todo a su paso... esas olas eran las visiones más terroríficas que podía tener en un sueño.
No era habitual que tuviese estos sueños, pero sí que se incrementaron desde el momento en que me diagnosticaron un cáncer en fase IV incurable.
Podríamos decir que la ansiedad, la angustia, que me producía la situación que estaba viviendo tras el diagnostico, las visitas al hospital, los tratamientos de quimioterapia, podían ser la causa de tener desde entonces un mayor número de sueños con las olas gigantescas que todo engullían a su paso.
Sin embargo, hubo un sueño relacionado con agua que, aunque no aparecían olas colosales, sí que me provocaba un cierto desasosiego y que, a pesar del resto de sueños, permanecía en mi memoria vivamente.
El sueño en sí era simple de explicar, me encontraba en el borde de una playa que no era una playa, esta playa no era a cielo abierto, sabía que había una gran cúpula cubriéndola, aunque no fuese totalmente visible, y el mar se extendía hasta el horizonte, aunque creía saber que éste tenía un final, una barrera... en el mar había personas, filas de personas unas al lado de la otra en perfecta formación. Yo intentaba entrar en la mar y colocarme en alguna fila, pero mi presencia allí distorsionaba la fila, no encajaba en ninguna de ella, y sentía que no pertenecía a aquella escena.
Le comenté en alguna ocasión al Doctor Vicente Arráez estos sueños, y me propuso que tuviésemos una sesión de relajación donde a través de la técnica de ensueño dirigido, vivir nuevamente esta experiencia de la playa que no es playa.
Y así hicimos.
En mi dormitorio, aislado y tumbado sobre mi cama, el Doctor Vicente Arráez, por video conferencia dado que estábamos en plena pandemia de COVID, me estuvo guiando por la primera etapa consistente en adquirir un estado de relajación completo. Tras esta fase comenzamos a revivir el sueño de la playa con total nitidez.
Esta vez fui introduciéndome en la mar intentando hacerme un sitio entre las filas de personas, pero como en veces anteriores, no me encontraba cómodo y seguía distorsionando las filas, así que seguí entrando poco a poco más y más en la mar hasta que pasé las filas ordenadas de personas y me encontré flotando frente a una barrera de boyas naranja que me impedían progresar más allá.
Vicente me indicó si era capaz de ver alguna zona más iluminada, y sí, a mi derecha había una zona de aquella extraña mar iluminada como si un rayo de luz superior incidiese sobre ella, cerca de unas barcas próximas a la barrera. Me desplacé hasta allí y me dejé estar, simplemente, flotando tranquilamente, tan relajado y tranquilo estaba que incluso me encontré con las fuerzas para cruzar la barrera de boyas, no obstante Vicente me pidió que no lo hiciese.
La barca la recuerdo nítidamente, la parte superior de la barca, la que sobresalía del agua era de un color azul, un azul intenso, precioso, mientras que la parte inferior, la sumergida era totalmente blanca, impoluta, lo cual me sorprendió porque no tenía muestra alguna de haber estado en la mar, es más, la cuerda que sujetaba la barca al ancla en el fondo de una mar transparente estaba totalmente limpia, sin mácula alguna, sin moluscos o algas.
Tras esto Vicente me pidió que fuese saliendo de la mar, poco a poco fui retrocediendo y saliendo, ahora veía a las filas ordenadas de personas a mi izquierda, un poco alejadas de mí. En un determinado momento toque suelo, el suelo arenoso de la mar que podía contemplar a través de aquellas aguas totalmente transparente.
Lo curioso de aquello fue que paso tras paso, el suelo de la mar no se desbarataba, la arena del fondo no se arremolinaba, permanecía inalterable en el fondo.
Me quedaban pocos pasos para salir del mar cuando algo en el fondo de la mar atrajo mi atención, era una flor, una margarita para ser más exacto, una margarita perfecta de pétalos blanco inmaculado y un centro amarillo puro, me sorprendió ver aquella flor que brotaba del fondo del mar y que estuviese allí bajo el agua.
No obstante, dejé atrás aquella flor para salir totalmente del mar, y me encontré en una zona que se asemejaba mucho a aquella pequeña playa de Cádiz donde había vivido mi infancia, con aquella pequeña rampa para meter y sacar las barcas del mar, y aquella amplia rampa que daba a la calle superior, y tras de mí el club marítimo que tanto conocía.
Lo primero que pensé era que me iba a quemar por el sol, sol que no podía ver por ningún lado, pero sí había una gran claridad y luz.
Ahí fue donde todo cambio de golpe, bruscamente se me pusieron los pelos de punta y la piel de gallina, brazos, nuca y resto del cuerpo, sentí que no estaba sólo había alguien conmigo, aunque no lo viese, y así se lo refería a Vicente, y lo que era más, no sabía cómo, pero sabía que la entidad que estaba conmigo era una mujer, sin duda era una mujer y además conocía a aquella mujer.
Fue entonces cuando sentí una gran necesidad de ver a aquella entidad, pero para mi asombro, fue aquella entidad la que me cubrió con una toalla por la espalda, y la sentí, sentí sus manos en mí.
Aquello fue un desbordamiento instantáneo de emociones, sentí un fuerte calor que emanó como la explosión de un geiser y se extendió por mis pulmones, mi corazón y luego por todo mi cuerpo, y las emociones, fueron extraordinaria, algo que no sabría explicar con claridad, eran un amasijo de tristeza y alegría como nunca había experimentado anteriormente.
Y aquel desbordamiento de emociones alcanzó un punto culminante, en menos de un segundo diría, que me hizo llorar, pero llorar a lágrima viva, como tal vez no había llorado desde la muerte de mi abuela junto a quien me crie hasta su fallecimiento hacía casi 30 años y a quien añoraba y quería con locura.
Más tarde me percaté de que la toalla con la que me cubría era de color rosa, y podría decir que era aquella vieja toalla, muy vieja, que había utilizado para cubrirme al salir del baño durante años, y que me había traído de Cádiz cuando me fui a vivir a la capital de España.
Aun con aquella sensación extraña incapaz de describir con una palabra, de hecho no crea que exista palabra o frase alguna que pueda describir aquella sensación, pero habiendo dejado de llorar, intenté volverme para ver a aquella entidad, que más tarde al recapacitar sobre ello identifiqué como mi querida abuela, pero no pude, algo me impedía moverme, sólo podía girar la cabeza un poco, y como ya aquella entidad no me sostenía, miré hacia la empinada cuesta que subía desde la playa hacia arriba.
No pude ver con claridad a aquella figura, aquella entidad que había estado junto a mí y que me había abrazado, sólo pude distinguir una sombra debido a la imponente luz blanca, extremadamente blanca y brillante que emanaba desde la parte superior de aquella rampa, luz que no quemaba, luz que no cegaba, pero contra la cual sólo podía deslumbrar una pequeña sombra que ascendía la pendiente lentamente, y sobre la pendiente, otra sombra, una sombra alargada estaba allí parada, y sabía que me miraba, me miraba fijamente... sombra que más tarde identifiqué con la esencia de mi abuelo fallecido pocos años después de mi abuela, y que en aquel momento desee poder subir y abrazar.
Pero no podía moverme, ni un ápice, nada de nada.
Fue entonces cuando Vicente me pidió que volviese, que volviese a tomar conciencia de donde me encontraba, de mi cama, de la habitación.
La vuelta no fue agradable no quería alejarme de aquellas entidades, de aquella luz, hubiese dado todo cuanto tenía por haber podido subir aquella rampa a la carrera y haber abrazado a aquellas figuras que veía a contraluz.
Una vez tomada conciencia de mi vuelta, cortamos la comunicación y me quedé allí tumbado en mi cama, aún con aquel calor en mi cuerpo y aquella extraña experiencia que había vivido.
Intenté levantarme de la cama y no me fue posible, no podía mover ni un musculo, estaba inmovilizado, y aquello me asustó, no sabía que me pasaba, llamé a mi mujer que se encontraba en la planta de abajo de nuestra casa, y cuando subió le pedí que me ayudase a levantarme, porque me era imposible... primero y con gran esfuerzo, estaba totalmente agotado, llegué a sentarme en la cama, y al poco me pude levantar no sin cierta dificultad, y me tuve que volver a sentar, porque me mareaba, no podía mantener el equilibrio, y así me quedé un ratito en la cama, hasta que recuperé parte de mis fuerzas y pude levantarme con seguridad.
Hoy en día, después de casi año y medio, sigo teniendo muy vivida en mi memoria aquella maravillosa experiencia y daría lo que fuese por volverlo a sentir, de hecho, cada vez que pienso en ella me vuelvo a emocionar y los pelos de la nuca y brazos se me ponen de punta y la piel de gallina.
Desde entonces no he vuelto a tener aquellos terribles sueños de olas gigantes destructoras, de hecho tuve un sueño en el que me encontraba en una casa de dos plantas, todo de cristal, y desde la planta baja vimos venir una ola grande, pero no oscura, nos subimos a la primera planta, donde las paredes de cristal nos permitían ver como aquella ola se aproximaba, y cuando llegó no destruyó nada, pasó a través de las paredes de cristal y a través de mí como si no existiésemos, un agua clara y transparente, y a partir de este momento no he vuelto a soñar con olas.
Si he vuelto a soñar con agua y mar, pero siempre han sido para soñar con viajes, viajes en barco, unos barcos exquisitos, y siempre, haciendo o iniciando un viaje a otras tierras.
A veces, sobre todo en los últimos meses he tenido una extraña sensación, en algunos momento durante la vigilia, experimento una especie de sensación agradable que parte del diafragma y sube a mi pecho, es... no sabría decir, como si algo intentase salir de mi cuerpo, como si dejase de respirar, no dura más de un segundo, pero es una sensación agradable, no me asusta, de hecho, lo espero con anhelo, no sé lo que es y al igual que aquella sensación del ensueño, no puedo describirlo con una palabra o frase, no sabría explicarlo, pero sea lo que sea es, simplemente, magnifico.