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LA PRÁCTICA DE LA INTROSPECCIÓN
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Entre tanto ruido mediático los planes futuros adquieren tintes oscuros debido a las noticias sensacionalistas y las luchas partidistas. Entre tanto caos social, mediático y político, es casi imposible preguntarnos y sobre todo ser conscientes de cómo estamos y cómo nos sentimos. Para llevar a cabo este cambio de enfoque una mirada introspectiva puede ser la alternativa.

La introspección se entiende como un proceso a través del cual adquirimos un tipo de conciencia focalizada sobre nuestros procesos y contenidos mentales, que normalmente es diferente de la conciencia diaria, en la cual, nuestra percepción de estos procesos mentales es fugaz, difusa y no consciente. Es un método por el que la persona es capaz de analizar sus propias experiencias y permite conocerse con mayor profundidad.

Para realizar esta práctica, antes de precipitarnos, sería recomendable buscar un lugar tranquilo y tomarse un tiempo para llegar a un mínimo estado de relajación, de tal forma que minimicemos las distracciones internas y las externas.

Una vez conseguido esto, comenzaremos observando y conectando con lo que sentimos para verificar nuestro estado interno. La práctica se puede ejecutar de forma general focalizando la atención en todo el estado interno o, por otra parte, hacer un repaso atencional proceso por proceso: pensamiento, emoción, memoria…etc.

Si el objeto de la práctica es el pensamiento, por poner un ejemplo, es importante discriminar entre el contenido del pensamiento, y, por otro lado, el proceso de pensamiento, es decir, cuál es la secuencia de las imágenes mentales, la frecuencia, por qué nos abordan más pensamientos de unas categorías que de otras etc.

Este trabajo se puede realizar en relación a cualquier proceso mental que deseemos.

Al principio es una tarea ardua, pero con una práctica prolongada y diligente es posible llegar a una reflexión profunda sobre lo que somos y sentimos, además de ofrecernos la posibilidad de avanzar en nuestro desarrollo espiritual.

La introspección llevada a cabo de esta manera, nos ayudará a discernir qué es lo bueno para nosotros, proporcionándonos herramientas para transformar las situaciones a las que nos enfrentemos e ir avanzando en nuestro devenir.

Este método es naturalmente subjetivo, ya que es el propio individuo el que se observa a sí mismo, desde su criterio, apoyado en sus esquemas mentales, y desde la construcción de su propia realidad. Por lo tanto, sería realmente imposible en este contexto acercarnos a la objetividad, ya que el objeto de estudio es el sí mismo.
Además posee cierto carácter disociativo: somos sujetos de análisis a la vez que observadores. En este sentido tiene ciertas similitudes con prácticas meditativas en las que se habla de llegar a un estado de conciencia testigo, en el cual, se genera un espacio interior que permitirá diferenciar entre ese yo más íntimo de los procesos mentales.

El proceso de introspección es complejo y requiere de entrenamiento si se quieren obtener buenos resultados. Es importante tener una buena actitud de aceptación y sinceridad, y no dejarse llevar por la telaraña del autoengaño.


“Quien mira hacia fuera, sueña; quien mira hacia dentro, despierta”
Carl Gustav Jung